Ya en el mundial pasado, recuerdo haber manifestado mi aversión a la propuesta de Francia; más que al equipo francés en general, que me parece un grupo de jugadores de calidad por encima de la media, a la lamentable inoperancia de su entrenador.
Pero un equipo es fiel reflejo de su técnico. A la rápida, Argentina con Diego a la cabeza es muy buena atacando, aunque falta ver lo que podría pasar cuando los apreten un poquito. Dunga le quitó algo de jogo bonito a los brazucas, a cambio de organizarse bien atrás y ser un equipo pesado, más que rapidito y alegre. Quienes conozcan a Del Bosque podrían extrapolar el 0-1 de España con Suiza a la personalidad blandengue y bonachona del técnico, justo cuando había que apretar los dientes; igual, la chance de redención está a la mano.
¿Y Domenech? logró lo que parecía difícil: que los jugadores se olvidaran -a medias- de los grupitos y las diferencias raciales, para unirse todos en contra del técnico. Uno se agarra a combos con el preparador físico, a Henry lo llaman para entrar los últimos 10 minutos contra México y se hace el loco, el plantel entero se niega a entrenar, un dirigente en un arranque de vergüenza ajena se manda a cambiar… y Anelka niega haber hecho lo único bueno de su estadía en el mundial.
La leyenda cuenta que Zidane hizo algo parecido, y hace cuatro añitos subió y bajó a Domenech en la intimidad de la concentración franchute. Pero el cabezazo famoso en la final y el segundo lugar taparon todo, igual que las fiestas de Barthez y compañía en el 98. Con la diferencia que Aimé Jacquet sacó campeones a un grupo de borrachines, mientras que Domenech apenas se las puede con un plantel que no le anda muy a la saga en calidad a ese exitoso.
Yo en esta estoy con Anelka. Y como dice el dicho, lo que mal empieza, mal termina. Todavía se puede llamar a Irlanda.








